Ir o no ir, hacia el compromiso de trabajar

Con lo corta que es la es la vida, no ser capaces de disfrutarla por no saber trabajar mejor es una estupidez suprema 

Hace meses que me preocupa bastante la organización de las empresas en cuanto a sus equipos, cómo se relacionan, cómo se comunican, quién y cómo toma decisiones, cómo afecta a otros, cómo se gestionan y dirigen equipos… Parece fácil ¿verdad? Pues yo cuanto más observo, más me pregunto, y cuanto más me pregunto, más me gustaría darle solución. Una cosa tengo clara, trabajar con personas no es fácil, y las empresas están formadas por personas, no recursos.

Con ésta última frase empieza un libro que me encontré el otro día por casa. Ir o no ir, hacia el compromiso de trabajar y vivir con calidad. ( Lo lees en una tarde )

En general, todos queremos trabajar mejor y ganar más, queremos calidad de trabajo y calidad de vida. Sabemos que algo no funciona, pero ¿te has parado a pensar en qué puedes mejorar para que funcione? Aquí van algunas ideas que salen en este libro:

1.- Si no vas …¡no has ido! ¿Cuántas veces has pensando en hacer algo y finalmente no lo has hecho? Para qué…siempre poniendo excusas, siempre quejándote, siempre justificando, nunca hay tiempo, siempre hay un problema… Sal del círculo. Tira hacia adelante. Por que si no vas, si no lo haces, si no lo intentas, déjate de historias ¡No has ido!

2.- ¡Rema! ¿Cuántas veces te has quejado de una mala decisión o solución? Seguro que muchas, pero ¿cuántas veces has planteado una solución? Esto no va de criticar lo que hay, sino de apoyar o dar alternativas que mejoren las ideas iniciales. Mientras piensas en algo mejor, rema con todas tus fuerzas con el resto del equipo.

3.- ¿Y si se desmotivan y se quedan? Los grandes profesionales no se mueven por dinero, hay cosas más allá que les mueven o hacen que se queden en un sitio, como la estima, el aprecio, la flexibilidad, la conciliación, todas cuentan mucho más que cualquier aumento de sueldo. Lo peor que le puede pasar a cualquier organización es tener gente desmotivada en su puesto de trabajo y que además se queden, teniendo el jefe miedo de que se vayan. Curioso ¿verdad?

4.- No me lo digas, demuéstramelo. Es más fácil juzgar a las personas por lo que hacen que por lo que dicen, la próxima vez que abras la boca para decir lo bueno que eres en algo piénsalo antes. Hazte valer, no lo cuentes, y alcanzarás lo que quieres.

5.- ¿Lo fenomenal de tener jefe? Siempre nos quejamos de nuestro jefes, que no saben hacer tal, que no saben hacer pascual, pero nunca nos ponemos en su lugar y pensamos por qué han actuado o tomado determinada decisión. Cuando seas tú el jefe, te aseguro que echarás de menos no tener nadie por encima, que asuma tus errores y a quien quejarte. Porque tener jefe, a veces, es fenomenal. Y ser jefe no es tan fácil.

6.- El liderazgo de El Mago de Oz. ¿Sabíais que en esa película se representan los elementos clave del talento directivo?

El corazón como fuente de pasión. Un buen jefe debe saber transmitir entusiasmo en su equipo, creer en él y apostar por él. El aprecio y dedicación a tu gente, retorna en fidelidad, entusiasmo e implicación.

La inteligencia, pensamiento y reflexión. Un buen jefe reflexiona sus decisiones, dirige con cabeza y es coherente en sus actuaciones.

El valor,  de asumir riesgos, retos, decisiones, cambios, errores… Todo lo que el corazón haya deseado y la cabeza preparado, se quedarán en el camino sin valor para llevarlo a cabo.

Hay gente que nació para dirigir equipos, otros que no quieren, y es que realmente gestionar y dirigir a personas no es fácil y no todo el mundo está capacitado para ello, y hacerlo mal puede causar graves problemas a las empresas.

7.- Yastas y Eskes. No nos damos cuenta, pero llenamos nuestros discursos de excusas y “eskes” cuando no hemos terminado algo que nos han pedido o nos hemos encontrado con problemas por el camino. Decir “eske” te orienta a excusas y problemas, en lugar de a soluciones, y a nadie le gusta la gente poco resolutiva. Cambia el discurso, por un “ya está hecho”.

8.- ¿Vender decisiones? ¿Cuántas veces haces tu trabajo sin saber por qué? Cuando las personas entendemos por qué hay que hacer algo, nos implicamos más y mejor. Comunicar no es decir las cosas, ser jefe significa tener la obligación y responsabilidad de comunicar con calidad.

Las decisiones no se venden, simplemente se comunican bien

Todas estas reflexiones van en dos sentidos. Para el directivo, al que le toca dirigir bien, comprometiéndose con el derecho de sus colaboradores de ser bien dirigidos, y a los colaboradores, a los que le toca rendir con calidad, comprometiéndose con el derecho a un rendimiento de calidad.

Las empresas están llenas de malas decisiones o personas incapaces de tomar decisiones que entorpecen el trabajo del resto. El problema es ¿cómo detectas que una empresa está mal dirigida? En todas las memorias e informes presentados a accionistas, casi siempre, la información es financiera, y una mala dirección de empresa no es percibida. No existe un barómetro capaz de abarcar características que nos ayuden a juzgar esto. Algunas soluciones propuestas son índices de rotación de directivos o empleados cualificados, índice de edad media y grado de rejuvenecimiento de la empresa, incluyendo políticas de prejubilación, encuestas sobre clima laboral y prestigio de alta dirección, detectar empleamos quemados, pesimistas y negativos es un síntoma de una mala dirección.

Todo lo anterior, cobra todavía más sentido con el compromiso de los trabajadores de realizar un trabajo de calidad. Aquí los sindicatos, como representantes de esta parte fundamental de la empresa cobran mucho sentido, pero con un nuevo enfoque, el de mejorar la calidad de la vida laboral, el de amonestar a las personas con bajo rendimiento, en excluir a la gente que no cumple o engañan al resto de compañeros. El objetivo es que los trabajadores se comprometan con la calidad de su trabajo y se impliquen en los resultados de al empresa.

Se trata de que los malos profesionales, sean jefes o colaboradores, dejen sitios a las personas que aportan valor.

Se trata de trabajar mejor, no trabajar más.

Se trata de premiar la eficacia, no la presencia

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